“Universidad por el Nobel” es un movimiento conformado por estudiantes, graduados, docentes y no docentes, que junto a “La UES” impulsamos una campaña de adhesión a la candidatura de Abuelas de Plaza de Mayo al premio Nobel de la Paz.
Abuelas, con su trabajo, han logrado recuperar la identidad de 101 nietos nacidos en cautiverio y apropiados durante la última dictadura militar, logrando mitigar en parte el dolor de cientos de familias que sufrieron las más humillantes y dolorosas violaciones a sus derechos. Junto a esto la asociación logro establecer el Derecho a la Identidad en la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y Adolescente, además de situarlo como uno de los Derechos Fundamentales del hombre, lograron también la aplicación del Índice de Abuelidad, la creación del Banco Nacional Genético y de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y la recuperación de los ex centros clandestinos de detención para transformarlos en espacios de la memoria, además de ser símbolos de lucha en un país y continente atravesados por sangrientas dictaduras.
Creemos que más allá de lo significativo que puede llegar a ser el premio, el mayor reconocimiento es que la sociedad en todas sus expresiones se encuadre de manera voluntaria y desinteresada en el apoyo a una organización de mujeres argentinas que dieron su vida en la búsqueda de verdad, justicia y memoria.
Por todo lo anterior sentimos que es nuestra responsabilidad moral y cívica acompañar a las abuelas en este nuevo camino que recorren, porque pese a que la búsqueda de los nietos no ha finalizado es hoy tarea de todo el pueblo argentino hacerlo, y al mismo tiempo debemos acompañarlas en su labor de embajadoras, creando conciencia a lo largo del mundo e incentivando la búsqueda de verdad y justicia en historias rodeadas de impunidad y dolor.
Cuando hablamos de Paz no podemos evitar plantear conceptos y figuras idílicas, generalmente alejados de esta realidad muchas veces no tan pacifica, generando un descontento que nos lleva a creer que tal ideario no existe. Pero podemos intentar extrapolar aquel concepto idílico a quienes son inspiradoras de nuestras sinceras palabras para notar que existen concordancias manifiestas entre aquel imaginario y la realidad que nuestras abuelas han construido, entregando sus sueños y dolores al servicio de un país que durante muchos años miró al suelo sabiendo que no éramos merecedores de tales sacrificios.
Lo que nos entregaron, sus valores, su lucha, su eterna y a veces incomprendida paciencia, sus caricias de madre y abuela acompañadas de sonrisas nerviosas, cómplices de toda utopía popular, toda su enseñanza es de infinita importancia para nosotros que entendemos que sus vidas fueron entregadas sin pedir nada a cambio para que nuestra historia, presente y futuro puedan ser forjados en concordancia con aquellos valores que hoy nos parecen tan familiares pero que a ellas fueron negados.
No imaginamos personas que merezcan más aquel premio como tampoco imaginamos una universidad que no les dé las gracias por enseñarnos que la lucha puede darse con dignidad, que entregar la vida a algo que vale la pena es más importante que cualquier mezquindad personal, y que la esperanza, la constancia y la fe traen ineludiblemente paz a nuestras vidas.
Si aquel galardón fuese un gracias, harían falta millones.